11 de mayo de 2014

Crónica de mis minivacaciones 1/3

Hace unas semanas, por fin llegaba el momento de irme de vacaciones, no esas que te coges en el trabajo para no perder los días y quedarte en casa tirado en el sofá, o cacharreando con el ordenador, la moto, la bici o lo que se te ponga por delante; sino unas para disfrutar. Que quede claro que en las vacaciones que voy a ver a la familia o amigos abulenses, también son vacaciones, pero se disfrutan de otro modo, ya que siempre voy con el horario acechándome para cumplir con todos los compromisos y, sinceramente, se disfruta menos de los que se debiera y es agotador.

Sin contar con la escapada de Ronda de fin de semana del año pasado, hacía años que no tenía unas vacaciones de cuatro días para ver y disfrutar de sitios nuevos. Esta vez toco conocer la parte sur de la Sierra de Grazalema; puesto que me encantó la parte norte lo poco que puede disfrutar de ella de camino a Ronda.

Al saber de los días de vacaciones con los que contábamos, empecé mi cruzada para encontrar un alojamiento barato y lo encontré. Una fantástica oferta de tres noches en una cabaña muy cerca del pueblo Prado del Rey.
Como han sido unas vacaciones cortas pero intensas, la crónica la voy a dividir en tres partes, para no ser muy cansino.

Llegó el momento de disfrutar de las vacaciones y, como no, el tiempo se estropeó, dando lluvias para los tres días.
El viaje de casa a Prado del Rey es bastante corto, pero con una lluvia torrencial que no cesó en todo el camino.

Una vez en el pueblo y con un parón de la lluvia, era hora del desayuno de media mañana. Una vez en el bar, empezó una lluvia torrencial impresionante, saltando el agua por encima de los bordillos de más de 15cm de alto.
Al parar un poco, era hora de salir del bar en busca del coche, pero por el camino compramos un paraguas decente, ya que no tenía pinta de cambiar mucho el panorama. 

Nos dirigimos al punto kilómetrico 12 de la carretera dirección a El Bosque, dónde se supone que estaba el cruce. Al no encontrarlo llamamos al teléfono de recepción, nos indican para coger un camino que nos llevaría hasta el destino.
El camino era un río de lodo bajo la lluvia incesante. Con mucha paciencia, llegué hasta un punto en una bajada pronunciada y muy descarnada; hasta el punto en que encajé el parachoques delantero.
Tras dar marcha atrás y desencajar el parachoques a las bravas, con el pertinente olor a quemado de embrague y mi justificado enfado. Volviendo por el mismo camino marcha atrás, hasta un punto que pueda llamar, no había cobertura, y dar la vuelta.
En el punto en que había cobertura, llamamos y nos dicen que hay otro acceso por el pueblo, que está en mejores condiciones. En este punto me dieron ganas de coger del cuello a la recepcionista...
Volviendo al pueblo, cogimos el camino para llegar y, aunque había mucha pendiente y no todo era asfaltado, era una autopista en comparación con el otro. Tan sólo había un punto con muchas piedras y socabones en el que el agua de un regato pasaba por encima del caudal que llevaba.



Llegamos por fin a la recepción del sitio y nos dieron la llaves de la cabaña dónde nos quedamos, por fin me calmé un poco viendo el sitio, que invitaba a la tranquilidad.

Viendo el que el tiempo no acompañaba, nos fuimos hasta a Ubrique con intención de ver el pueblo y comer allí.


Según llegamos custodiados bajo la lluvia, nos fuimos en busca de un restaurante, que había que calmar el enfado con un buen almuerzo.

Con el estómago lleno y viendo que la lluvia seguía incesante, nos metimos en la primera cafetería que vimos para resguardarnos de la lluvia. 
En un respiro de esta, decidimos ir en busca de un supermercado para comprar algo para cenar, la sorpresa fue el descubrir que nos habían robado el paraguas que acabábamos de comprar... Con el cabreo de nuevo decidí coger cualquier otro. De nuevo sorpresa al salir y ver que estaba lleno de piteras, vaya día...



Visto lo visto decidimos irnos a la cabaña y esperar a que el día llegara a su fin con las vistas de Prado del Rey desde el porche de la cabaña y una modesta cena; con la esperanza de que el día siguiente fuera mejor.

Con esto termino la accidentada primera parte de la crónica correspondiente al primer día. 

No hay comentarios: