16 de mayo de 2014

Crónica de mis minivacaciones 2/3

Un nuevo día amanecía y con él muchas esperanzas en que se enderezaran las vacaciones.
Lo primero es lo primero, a si que nos fuimos al bar de la Hacienda a por el desayuno, ya que estaba incluido en la oferta. Un desayuno sin grandes pretensiones, café, tostadas y mil cosas para pringar en estas... Suficiente para coger energía para el día que tenía planeado.

Con las pilas cargadas y con un día sin amenaza de lluvia, fuimos al centro de visitantes de El Bosque para recoger los permisos pertinentes para las dos rutas que teníamos planeadas y, que previamente habíamos solicitado por teléfono. Una vez en el centro de visitantes, nos dan un papel con la solicitud para que fuéramos a una oficina de la Junta que se encontraba a escasos 700 metros. Para mí un absurdo, ya que podían hacerlo todo en el mismo sitio...


Con los papeles en regla y un par miniguías muy chulas por 1.6€, nos dirigimos a la primera ruta de las vacaciones, subida a "El Torreón". Tras dejar el coche en un pequeño aparcamiento junto a la carretera, nos calzamos las botas de montaña y comenzamos el camino.


Mi "compañera de fatigas", estaba convencida, quizás por culpa mía, que era una ruta de "dificultad media" y de "tan solo 5 kilómetros". Por lo que comenzó el camino con ganas, pero cada pocos metros, el sendero se hacía más y más empinado entre mirtos, lentiscos y sabinas.



Por un momento, la pendiente se suaviza y a nuestra espalda, entre el bosque, podemos ver la Sierra del Aljibe, Bornos y su embalse.

A estas alturas mi compañera ya se había dado cuenta que puede que no la dijera todo sobre la ruta que estábamos haciendo y, según ascendíamos, se iba transformando en un pitufo gruñón. Imaginaros cuando la dije que este pico es la cota más alta de la provincia de Cádiz...



Continuando con la ascensión, el paisaje iba cambiando, ahora rodeados por encinas y sabinas.


Nuevamente teníamos a nuestra espalda una bonita estampa de las sierras antes comentadas.
Pasado este punto, el terreno se vuelve más y más pedregoso, tan solo acompañado por piornos y alguna cabra montesa que se veía en la distancia.

Después se llega a unas depresiones que se llaman "dolinas", dónde por unos metros el terreno era más húmedo y con menos piedra. En este punto, mi compañera decide abandonarme en mi empeño de subir hasta la cima, porque la pobre no podía más.


Tras "abandonarme" y dejarme sólo en el camino, pierdo de vista las dolinas y llego a una zona muy rocosa y la niebla empieza a aparecer sobre mí. 


Alguna flecha pintada y algunos montones de piedra señalan el camino a seguir hasta esta pared de piedra. No tendría más de 4 metros de altura, por lo que mi mente, decide que por ahí puedo subir. Tras perder más de cuarto de hora en intentar subir y no conseguir separarme más de medio metro del suelo; decido buscar un camino alternativo, no sin antes intentar todas las posibilidades hasta hacerme daño en la rodilla derecha.

Menos mal que me dio por buscar alternativas, a pocos metros de la pared vertical, había un acceso bastante más sencillo, aunque hubo que tirar de brazos y piernas para poder subir.



Llegados a este punto,la niebla ya estaba encima por la parte sur de la montaña, pero en unos poco metros, ya estaría en la cima del pico.







Después del esfuerzo, había que disfrutar de la recompensa...


Ahora tan sólo quedaba volver a por mi perdida compañera, que no era poco el camino que había que deshacer y comer algo.


Con las fuerzas algo respuestas y un poco más descansados emprendimos el camino de regreso. Este no podría haberlo hecho sin la ayuda de este "cayado" improvisado, pues la pendiente hacía que la rodilla resentida, cada vez me molestara más.


Era el momento de regresar a la cabaña y ver Prado del Rey bajo la luz del atardecer, puesto que el día anterior, bajo la lluvia, ni tan siquiera me había fijado que se veía.


Desde el porche de la cabaña y con esta vista, había que recuperar fuerzas y descansar bajo el sol que ahora lucía.


Con la inmejorable vista del anochecer en plena sierra, uno se siente feliz después de reflexionar sobre el día vivido. Sin duda, me llevo en el recuerdo unos paisajes preciosos y un día de esfuerzo en el que también me puse a prueba después de la neumonía que había padecido semanas antes.
Después de esto, tan solo queda terminar de recuperar la forma física y, qué mejor forma hay que hacerlo disfrutando de la naturaleza en la mejor compañía.

Finalizó el día y, con ello, la segunda "entrega" del relato de mis vacaciones.

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