5 de junio de 2014

Crónica de mis minivacaciones 3/3

Por fin llego a narrar el final de las vacaciones pasadas.

Si recordáis, en la entrada anterior os narré, en esencia, la ruta que hicimos de "El Torreón".

Pues bien, al día siguiente nos esperaba otra gran ruta, "El Pinsapar"; para la cual ya teníamos los permisos que habíamos recogido el día anterior.


El día, aunque nublado, parecía que nos iba a respetar sin sustos por lluvia. El camino empieza en un área de descanso conocido como Las Canteras o Los Arenales a escasos dos kilómetros del pueblo de Grazalema hacia el puerto de las Palomas.


Empezamos el sendero con una subida moderada entre pinos de repoblación; parece ser que los plantaron para frenar la erosión del suelo provocada por las intensas lluvias de esta zona. 





Esta subida culmina, entre protestas de mi compañera de viaje provocadas por el cansancio del día anterior, en la cima del Puerto de las Cumbres.  Dejamos atrás los pinos y ahora vamos rodeados de vegetación de altura, como los piornos y majuelos.
Desde este punto se puede ver gran parte de la Zona de Reserva del Parque Natural; así como El Torreón (pico más alto de la provincia de Cádiz y objeto de la ruta del día anterior) y algunos pinsapos.














Los pinsapos, poco a poco empiezan a ser más numerosos, el camino empieza a descender según nos adentramos en el pinsapar y, con ello, nos adentramos en la penumbra del bosque, que nos acompañará todo el camino. 





Poco a poco salimos del bosque en el Puerto del Pinar y llegamos a una zona con una pista forestal en el que el bosque mediterráneo sale a nuestro encuentro.


Llegados a este punto, era hora de recuperar fuerzas al cobijo de una encina y almorzar para afrontar el regreso por el mismo camino.





 Teniendo de recompensa unas maravillosas vistas de la cara norte de la Sierra del Pinar y del bosque compuesto por quejigos, encinas y lentiscos que acompañan el camino hasta la población de Benamahoma.

En este punto decidimos darnos la vuelta, pues no merece la pena bajar por la pista forestal dos kilómetros hasta Benamahoma.



Con el ascenso moderado de vuelta y a paso constante pero tranquilo regresamos de nuevo hasta nuestro punto de partida, disfrutando nuevamente del camino y del paisaje.

Finalmente, algo más de 17 kilómetros de ruta, en el que el tiempo nos acompañó, especialmente por la tarde cuando el sol decidió calentarnos. 
La única "queja" del camino, es que en el primer tramo, llevábamos una excursión de chavales con el pavo subido y muy escandalosos; menos mal que en el descenso, los adelantamos y perdimos de vista, pudiendo disfrutar de la paz y tranquilidad a la que invita el paisaje y el transcurso del camino. 



Como terminamos a media tarde, decidimos ir a ver Grazalema y pasear por sus calles llenas de encanto.



Y después del esfuerzo merendar un dulce casero con la vista que ofrece el mirador de la serranía de Ronda.

Aprovechamos para cenar un plato caliente en uno de los numerosos restaurantes del pueblo y de regreso a la cabaña; puesto que había que descansar y recuperar fuerzas para el día siguiente. 


Llegamos al último día de las vacaciones y regreso de las mismas, del mismo de como comenzamos esta escapada; bajo una lluvia incesante.

Viendo que el tiempo no acompañaba, tras abandonar el alojamiento de la cabaña, decidimos suspender la ruta que teníamos prevista hacer por la vereda del río. A si que decimos ir hasta Zahara de la Sierra, confiando en que en el otro lado de la Sierra el tiempo sería algo mejor.

Para disfrutar del camino y de las vistas nos dirigimos por la carretera que cruza la sierra, aunque mucho más lento que rodear esta, es más bonita y con una carretera mucho más emocionante para mí que me apasiona una carretera secundaria repleta de curvas.
El único problema es que casi todo el camino nos acompañó una espesa niebla, por lo que no pudimos disfrutar del paisaje y, en mi caso, tampoco de la carretera.







Una vez en Zahara de la Sierra, sin niebla y sin lluvia, disfrutamos de un tranquilo paseo por sus calles y rincones.



Después de comer en un mesón con maravillosas vistas al embalse, que ya conocíamos de nuestro paso por esta localidad en la escapada que hicimos a Ronda; era hora de dar otro paseo, ahora bajo un cielo despejado, en busca del coche.

Ahora ya si que se habían acabado las vacaciones, tan solo quedaba regresar a casa, deshacer la maleta y preparar las fotos y ordenar los recuerdos para hacer esta pequeña crónica.

Espero no haber aburrido mucho a los pocos lectores y que, al menos, podáis haber disfrutado un poco con las fotos que ilustran las vivencias de este viaje.

1 comentario:

Manuel dijo...

Muy chulo el sitio